Título del proyecto: Gira Latinoamérica 2025
Nombre del artista/agrupación: Ana Gamboa
País: Ecuador
Línea de convocatoria: Ayuda a la circulación de profesionales de la música
Año de convocatoria: 2024
La trayectoria de Ana Gamboa se inscribe en un mapa todavía en expansión dentro de las músicas experimentales latinoamericanas: el de la improvisación libre como práctica situada, atravesada por contextos sociales, desplazamientos geográficos y formas de escucha no normativas.
Violonchelista de formación y exploradora sonora por vocación, Gamboa ha construido un lenguaje que desborda el uso tradicional de su instrumento, incorporando técnicas extendidas, texturas propias del noise y procedimientos del free jazz. En ese cruce, su trabajo no solo dialoga con una genealogía internacional —de la improvisación europea a las derivas estadounidenses—, sino que se ancla en una pregunta específicamente latinoamericana: cómo producir desde aquí sin reproducir marcos eurocéntricos.
“Promover mi trabajo artístico desde Latinoamérica es un acto de resistencia”, señala la propia artista, sintetizando una posición estética y política que atraviesa toda su práctica. Esa resistencia no se formula como rechazo frontal, sino como desplazamiento: en lugar de negar tradiciones, las reconfigura desde la escucha del territorio. Su música, en ese sentido, no busca representar lo latinoamericano de manera folclórica, sino activar sus tensiones, sus heterogeneidades, sus capas históricas.
Con apoyo de Ibermúsicas, su Gira Latinoamérica 2025, funcionó como una extensión concreta de ese enfoque. Más que una serie de conciertos, se trató de un dispositivo móvil de investigación sonora: catorce presentaciones y múltiples instancias formativas en ciudades como Lima, Bogotá, Valparaíso, Santiago, São Paulo, Ciudad de México y Maracay, entre otras. En cada una de ellas, la improvisación libre operó como método y como ética. Sin partituras fijas ni estructuras predefinidas, cada concierto se configuró como una situación irrepetible, atravesada por el espacio, el público y las condiciones específicas de cada contexto.
“La improvisación libre […] permite que la música fluya de manera orgánica, adaptándose y respondiendo al espacio, a la audiencia y a las influencias culturales locales”, explica la violonchelista ecuatoriana. Esa idea se vuelve particularmente significativa en el marco latinoamericano, donde las tradiciones musicales —andinas, caribeñas, urbanas— no aparecen como materiales a citar, sino como resonancias que afectan la escucha y la respuesta en tiempo real. Así, cada presentación deviene una especie de cartografía efímera: un mapa sonoro que sólo existe mientras suena.
Pero la gira no se limitó al ámbito performático. Los talleres de improvisación libre constituyeron otro eje fundamental del proyecto, abriendo espacios de experimentación colectiva donde músicos —y también no músicos— pudieron explorar el sonido desde una perspectiva inclusiva. Allí, la pedagogía se alejó de la transmisión vertical para convertirse en práctica compartida: escuchar, responder, construir con otros. Su objetivo fue, en sus palabras, el de “proporcionar un espacio inclusivo y colaborativo […] donde las personas puedan expresarse a través del sonido de manera espontánea y creativa”.
En ese cruce entre concierto y taller, entre escenario y laboratorio, se vuelve visible una de las contribuciones más relevantes del proyecto: la ampliación del campo de la improvisación libre en América Latina. Si bien esta práctica tiene una historia consolidada en ciertos circuitos, su circulación sigue siendo limitada. La gira, en este sentido, no solo visibilizó una forma de hacer música, sino que contribuyó a su legitimación y expansión.
El impacto de la experiencia se mide también en términos relacionales. “La circulación del proyecto permitió fortalecer redes de contacto con músicos, gestores y espacios culturales”, señala, destacando que estas conexiones derivaron en nuevas invitaciones, colaboraciones y extensiones del trabajo. Ibermúsicas aparece aquí no solo como ayuda a la movilidad sino como plataforma de articulación: una infraestructura que habilita encuentros que, de otro modo, serían difíciles de concretar.
En términos de proyección, la gira consolidó a Gamboa como una figura en crecimiento dentro del circuito experimental latinoamericano, capaz de moverse entre distintos contextos —desde espacios independientes hasta festivales— sin perder la coherencia de su propuesta. Más aún, su trabajo plantea una forma de circulación que no es sólo geográfica, sino epistemológica: una manera de pensar la música como proceso abierto, como diálogo, como práctica en constante transformación.
En este contexto, el papel de Ibermúsicas adquiere una dimensión estructural. No se trata únicamente de un apoyo puntual a la movilidad, sino, por vía indirecta, de una intervención que incide de manera directa en las condiciones de posibilidad de prácticas como la de Gamboa. “El apoyo brindado permitió ampliar la circulación de mi trabajo a nivel latinoamericano, fortaleciendo mi proyección internacional y consolidando mi desarrollo como compositora e intérprete”, afirma la artista. Pero su valoración va más allá de la experiencia individual: Gamboa define al programa como “fundamental para el desarrollo del sector musical”, en tanto habilita financiamiento, circulación, formación e intercambio en contextos donde estos recursos suelen ser escasos. En ese sentido, Ibermúsicas no solo acompaña trayectorias, sino que contribuye a sostener un ecosistema diverso, profesionalizado y en diálogo permanente a escala regional.

