Son de madera (México) – Sones de ida y vuelta- Gira Europea por España, Francia y Bélgica

Título del proyecto: Sones de ida y vuelta
Nombre del artista/agrupación: Son de madera
País: México
Línea de convocatoria: Ayuda a la circulación de profesionales de la música
Año de convocatoria: 2024

El grupo Son de Madera, con base en Xalapa, Veracruz, forma parte de una de las tradiciones musicales más vivas y dinámicas de América Latina: el son jarocho. Lejos de ser una práctica fija o puramente patrimonial, esta tradición se ha sostenido históricamente en el intercambio, el mestizaje y la transmisión comunitaria. En ese sentido, el proyecto Sones de ida y vuelta retoma una dimensión constitutiva de esta música: su carácter transatlántico, marcado por cruces entre herencias indígenas, africanas y andaluzas.

El proyecto Sones de ida y vuelta consistió en una gira internacional realizada en 2025, que incluyó 13 conciertos en distintas ciudades de España —como Girona, Zaragoza, Madrid, Barcelona y Barranda (Murcia)—, además de presentaciones en París, Rennes y Toulouse (Francia) y en Bruselas (Bélgica). En ese recorrido, el grupo participó en festivales y espacios culturales diversos. Más que limitarse a ofrecer conciertos, Son de Madera propuso una serie de encuentros donde el son jarocho se activó como práctica colectiva, integrando presentaciones, talleres y fandangos abiertos con participación del público.

Uno de los ejes centrales de la propuesta fue el fandango, entendido no sólo como formato musical sino como práctica social. En palabras del propio grupo, su intención fue “generar un ambiente de confianza y mutuo aprendizaje”, promoviendo “valores esenciales de igualdad, unión comunitaria y familiar, así como la inclusión en todos los sentidos”. Esta perspectiva se materializó en conciertos abiertos a la participación del público, donde la tarima dejó de ser escenario para convertirse en espacio compartido: en Barcelona, por ejemplo, el cierre del concierto en la Mercè derivó en un fandango abierto en el que el público fue invitado a zapatear y sumarse activamente.

La dimensión pedagógica y comunitaria del proyecto se reforzó a través de talleres, encuentros y colaboraciones con comunidades locales, como el Colectivo Son Jarocho en Madrid o el Encuentro de raíz en Girona. Allí, los integrantes de Son de Madera trabajaron sobre distintas disciplinas —canto, versada, instrumentos y zapateado—, contribuyendo a fortalecer escenas locales que ya venían desarrollando vínculos con esta tradición. Como señalan, uno de los logros más significativos fue “encontrar todos los puntos en que nuestras músicas se hermanan”, subrayando afinidades que exceden lo estrictamente musical.

A esta línea de trabajo se sumó un elemento singular: la obra de teatro en formato de papel Antonio Mulato, a la orillita del río. Pensada especialmente para públicos infantiles, la pieza permitió ampliar el alcance del proyecto, generando un puente entre narración, música y juego. Según describen, los niños y niñas “se acercaban con la curiosidad de conocer a estos personajes y terminaban bailando al compás del Son Jarocho”, integrándose de manera espontánea a la experiencia.

La recepción del proyecto en España también puso en valor la potencia de esta tradición en contextos internacionales. En una entrevista publicada en prensa, se destaca que el trabajo del grupo permite acercarse a “una experiencia sonoro-poética” que trasciende el concierto convencional y conecta con formas vivas de la música de raíz. En este sentido, la gira no solo funcionó como difusión, sino como reactivación de vínculos históricos entre territorios que comparten huellas culturales profundas.

El impacto de la experiencia se tradujo, además, en la expansión de redes y en la apertura de nuevas posibilidades de circulación. El propio grupo señala que “nuestra red se ha expandido y los lazos que ya había se han estrechado significativamente”, con perspectivas de futuras colaboraciones en distintos países europeos y latinoamericanos.

En este recorrido, el apoyo de Ibermúsicas aparece como un factor clave. No sólo hizo posible la movilidad, sino que permitió consolidar un proceso de intercambio que el grupo valora especialmente: “compartir de cerca con otras tradiciones musicales fue un regalo maravilloso”. Asimismo, destacan el reconocimiento que implica formar parte del programa, señalando que “haber obtenido este recurso nos amplía y refuerza nuestra trayectoria”.

De este modo, Sones de ida y vuelta no se limita a una gira, sino que se inscribe en una lógica más amplia de circulación cultural, donde la música tradicional se entiende como práctica viva, en constante transformación. En ese tránsito entre territorios, Son de Madera no solo lleva el son jarocho a nuevos públicos, sino que lo pone en diálogo con otras memorias, otras comunidades y otras formas de hacer música en el espacio iberoamericano.